me hubiera gustado ser restauradora de arte... lo seré en mi próxima vida... si es que queda algo que restaurar eso seré... en ésta vida no me tocaba.. y en todo caso hubiera sido maestra de kindergarden... ¿me imaginan?... o si no.... arquitecto ... bueno el punto... es que no era mi misión... como Arlahé... ¿pero porque me llama la atención? será que hay paciencia en mi que pocas veces dejo salir... y mi pasión por los detalles... por notar cada cosa diminuta que nadie más nota... en todo lo que veo... colores... figuras...texturas... y bueno.. me gusta saber la historia de las cosas... mi fascinación por las antigüedades... creo que hubiera sido buena... soy buena en todo... en todo lo que quiero ser buena.. obvio.. :P. No tengo que esperar a mi próxima vida creo... estoy restaurandome.. buscando las piezas perdidas u olvidadas... entendiendo de dónde vengo... a dónde voy... de donde proviene ése color de allá... de qué material estoy hecha... que me protege... que me desgasta... como resarcirme... quitar el polvo... el olor a viejo...detener el deterioro... hacerme resistente a lo que venga... al paso del tiempo... conservarme... soy una restauradora de cuerpo... de alma.. de mentes.. de corazón... para cuando llegué a mi próxima vida... ya estaré más que entrenada.
me hubiera gustado ser restauradora de arte... lo seré en mi próxima vida... si es que queda algo que restaurar eso seré... en ésta vida no me tocaba.. y en todo caso hubiera sido maestra de kindergarden... ¿me imaginan?... o si no.... arquitecto ... bueno el punto... es que no era mi misión... como Arlahé... ¿pero porque me llama la atención? será que hay paciencia en mi que pocas veces dejo salir... y mi pasión por los detalles... por notar cada cosa diminuta que nadie más nota... en todo lo que veo... colores... figuras...texturas... y bueno.. me gusta saber la historia de las cosas... mi fascinación por las antigüedades... creo que hubiera sido buena... soy buena en todo... en todo lo que quiero ser buena.. obvio.. :P. No tengo que esperar a mi próxima vida creo... estoy restaurandome.. buscando las piezas perdidas u olvidadas... entendiendo de dónde vengo... a dónde voy... de donde proviene ése color de allá... de qué material estoy hecha... que me protege... que me desgasta... como resarcirme... quitar el polvo... el olor a viejo...detener el deterioro... hacerme resistente a lo que venga... al paso del tiempo... conservarme... soy una restauradora de cuerpo... de alma.. de mentes.. de corazón... para cuando llegué a mi próxima vida... ya estaré más que entrenada.
6.15am abrí los ojos y no estabas tú... todo había sido un sueño... y yo que seguía con la sensación de tu piel en mis manos, con el sabor de tu boca en la punta de mi lengua... y las marcas de tu dedos en mi espalda... con las ganas de verte.. de tenerte y amarte... ganas de que pase todo entre tu y yo. TODO.
Espero curarme de ti en unos días. Debo dejar de fumarte, de beberte, de pensarte. Es posible. Siguiendo las prescripciones de la moral en turno. Me receto tiempo, abstinencia, soledad.
¿Te parece bien que te quiera nada más una semana? No es mucho, ni es poco, es bastante. En una semana se puede reunir todas las palabras de amor que se han pronunciado sobre la tierra y se les puede prender fuego. Te voy a calentar con esa hoguera del amor quemado. Y también el silencio. Porque las mejores palabras del amor están entre dos gentes que no se dicen nada.
Hay que quemar también ese otro lenguaje lateral y subversivo del que ama. (Tú sabes cómo te digo que te quiero cuando digo: «qué calor hace», «dame agua», «¿sabes manejar?», «se hizo de noche»... Entre las gentes, a un lado de tus gentes y las mías, te he dicho «ya es tarde», y tú sabías que decía «te quiero»).
Una semana más para reunir todo el amor del tiempo. Para dártelo. Para que hagas con él lo que quieras: guardarlo, acariciarlo, tirarlo a la basura. No sirve, es cierto. Sólo quiero una semana para entender las cosas. Porque esto es muy parecido a estar saliendo de un manicomio para entrar a un panteón.
No es que muera de amor, muero de ti. Muero de ti, amor, de amor de ti, de urgencia mía de mi piel de ti, de mi alma de ti y de mi boca y del insoportable que yo soy sin ti.
Muero de ti y de mí, muero de ambos, de nosotros, de ese, desgarrado, partido, me muero, te muero, lo morimos.
Morimos en mi cuarto en que estoy solo, en mi cama en que faltas, en la calle donde mi brazo va vacío, en el cine y los parques, los tranvías, los lugares donde mi hombro acostumbra tu cabeza y mi mano tu mano y todo yo te sé como yo mismo.
Morimos en el sitio que le he prestado al aire para que estés fuera de mí, y en el lugar en que el aire se acaba cuando te echo mi piel encima y nos conocemos en nosotros, separados del mundo, dichosa, penetrada, y cierto, interminable.
Morimos, lo sabemos, lo ignoran, nos morimos entre los dos, ahora, separados, del uno al otro, diariamente, cayéndonos en múltiples estatuas, en gestos que no vemos, en nuestras manos que nos necesitan.
Nos morimos, amor, muero en tu vientre que no muerdo ni beso, en tus muslos dulcísimos y vivos, en tu carne sin fin, muero de máscaras, de triángulos obscuros e incesantes. Muero de mi cuerpo y de tu cuerpo, de nuestra muerte, amor, muero, morimos. En el pozo de amor a todas horas, inconsolable, a gritos, dentro de mí, quiero decir, te llamo, te llaman los que nacen, los que vienen de atrás, de ti, los que a ti llegan. Nos morimos, amor, y nada hacemos sino morirnos más, hora tras hora, y escribirnos y hablarnos y morirnos.












